Se me ocurrió culpar al otro
del vació que deja mi indecisión
porque es más fácil
que el viento se lleve todo
antes que hacerme cargo
de la ausencia de pasos certeros.
Y soy yo, la de torpes pies
quien se vuelve de papel
cuando suena alguna canción
que dediqué.
Exprimí lo que quedaba
y te juro, estoy a punto de decir
que no queda nada.