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domingo, 28 de enero de 2018

La rosca que no enrosca

Venis cuando me estoy por ir
Se alerta tu ego con mi frialdad.
No queres dejarme pasar
Pero tampoco sabes cómo hacerme quedar.
No sé si te diste cuenta
que mientras vos fumas
yo te miro las manos y vos me las agarras
para preguntarme qué color llevo en las uñas
porque no estas seguro,
si turquesa, si verde, si todos en uno.
Despues de llenarte
ya no me miras con detención
te interesa más acariciar la nada
pero conmigo en tu almohada.
Murmuras que los sábados por la noche siempre es mejor ser dos.
A mi no me gusta ser tu peor opción
porque yo sé que venis
cuando te cierran otras puertas.
No lo sé por bruja, me lo gritaste
un miércoles del invierno pasado
cuando yo, insistente, te quería a mi lado.
No me puedo ir
No me quiero ir
No sé quedarme
No sé terminarte
Porque cuando estoy caminando
lejos, lejos de nosotros
me alcanzas con el auto
para preguntarme:
"¿Me haces leche de maní?"

viernes, 19 de enero de 2018

A veces quisiera intentarlo
Pero no con aquel que todos ven
Si no, con el que yo conocí

jueves, 11 de enero de 2018

El viento de tu boca

Cuando cantas, chillas o ries
atrapo el viento que corre
entre tu boca y el espacio
y lo hago mi tesoro.

Mujer que tanto sabes y mucho callas
dime, qué necesitas para ser y fluir,
hacia dónde quieres que vaya
el viento que presiona tus labios.

Te sientas en silencio,
cada tarde es igual
y tus ojos me dicen que esa,
no es tu verdad,
que la libertad,
la llevas de nombre
pero hay algo, que te mantiene prisionera.

A veces te escapas y ese momento
Es el único que vale, entre tanto movimiento.
Con tu viento viene la voz
pero me quedaría mudo y manco
si tuviera que detallarla para que
quien no la conozca,
empiece a volar.

domingo, 7 de enero de 2018

Domingo que es domingo

Quisiera estar pensando en qué ropa, maquillaje y peinado luciré en presencia del sol y tus ojos. No, eso ya pasó. No queremos que vuelva, no queres y yo acepté. Por eso llamé al silencio y hoy no sé cómo estas o qué pensas.
Me lo advertiste pero el capricho (o deseo) me hizo insistir con sutileza. Ya estaba escrito, nunca pudiste perdonarme ni volverme a querer, mas yo nunca dejé de hacerlo.

Te dejo con tu frialdad, no necesito convertirme en hielo yo tambien.

viernes, 5 de enero de 2018

Domingo en viernes.

Hoy es viernes pero me desperté con el domingo en la piel, no por la nostalgia típica desencadenante de llantos aislados, si no porque los repentinos veinticinco grados en el auge del verano son dignos de ser percibidos de otra manera.
Sin quererlo o queriendolo mucho, traje una memoria de una tarde de café donde las ilusiones se intensificaban en cada vuelta de cuchara. Había dos pares de ojos perdidos que simulaba saber donde estaban y para qué, porque todo tiene un para qué. A veces hay que detener el mundo y preguntarse: ¿para qué ésto?
Pocas sentí mis musculos tan relajados, como si estuviera en casa recien bañada luego de una jornada laboral de nueve horas. No, estaba en el centro de una ciudad sentada en una silla poco acogedora y blandiendo mi tenedor antes de pinchar la porción de torta. Hablando, viendo pero mirando, haciendo un poema en mi cabeza sin letras, solo con aromas y sensaciones.
Hay momentos que se atesoran con tanto entusiasmo que al revivirlos en la mente, nos despiertan algunas ganas de que vuelvan a suceder fuera de ella. Y quizas intentemos que se concrete la dicha de sentarnos en un café con veinticinco grados al atardecer, intentarlo no nos promete que será. A veces no nos queda otra que volver a enrollar las ilusiones y tirarlas en alguna orilla de mar. Libres de irse, libres de volver.