Seguidores

martes, 28 de febrero de 2017

El que no encuentra su lugar

Viene y va
va más de lo que viene
y nunca sabe donde acabar.
Se excusa con su pasado
heridas de bala en su alma
se aferra de una cicatriz
que dejó una norteña
manipuladora, sensual y trigueña.

Él se encargó de poner fecha de vencimiento
a las aventuras que continuaron
manteniendolo de pie, motivado por ser.
Él se empecinó en ver agua clara
donde no cabía un centímetro más de turbiedad.
Así se fueron transformando las aventuras
en fracasos, propia definición que nace de sus adentros
cada vez que detalla su historial con mujeres.

No encuentra su lugar
porque siempre quiere sentirse cómodo
entre pechos pequeños o medianos,
entre piernas predispuestas
o simplemente, rozando la piel de cualquier silueta
que complazca, íntimamente, algún capricho.

Tengo esperanza que un día se despierte incómodo,
al lado del cuerpo de turno
y le cierren las cuentas
y entienda las ecuaciones que toda su vida ignoró,
firme a la frase: "¿Para qué me va a servir esto en la vida?"
y su propia voz le responda: "Para entender que tu lugar sos vos."







sábado, 18 de febrero de 2017

El sacudido.

Le maquillé dos oraciones
antes de abandonar el lugar
me juró amor eterno
y no entendió que yo apostaba a jugar.
Sin embargo, me quedé tres minutos más
de los que tenía para dar
y ella, agradecida, aseguraba que no había nadie igual.

La caminata a casa fue la más larga,
de estos últimos meses, desde que la conozco.
Cada paso era como levantar una tonelada de algo,
clavada en la suela de mis zapatos.
Cada calle que crucé parecía extenderse infinitamente.

Me considero un mal tipo porque no soy sincero
y mi arte preferido ni siquiera esta definido.
Soy amante de lo exagerado, suelo rebalsar de palabras bonitas
Soy esclavo de mi soledad pero no conozco la soltería.
Si no es ella, sería alguien más,
en mi cama siempre guardo un lugar.

La había visto dos horas atrás
y el teléfono estaba comenzando a sonar
le había advertido mi próxima ausencia,
y aun así, no estaba respetando mi lugar.
Contesté enojado, con la idea de terminar de jugar
pero del otro lado una voz quebrada había decidido
que ya no quería más.

Mi ego se derrumbó por un sollozo ajeno.
Mi ego quedó agonizando junto al cable del teléfono.
Y entre tanta inquietud pude engendrar una única pregunta:
"¿Quien soy yo, para subirme a la cima de cada mundo?"







lunes, 13 de febrero de 2017

El verdadero tiempo libre.

Siempre quiero compartir
dos o tres, de mis cinco horas diarias de ocio
haciendo algo con alguien que quiera
hacer algo conmigo
pero eso está terriblemente mal ubicado
es decir, mi tiempo me pertenece
tengo muchas pasiones
me gusta pintar, dibujar, escuchar nueva y vieja música
a veces bailo, cuando mi buen humor desborda
me gusta investigar, leer, saber un poco más cada día
de lo que sea que el mundo ponga ante mi
sin embargo me quedo estática
esperando compartir mi espacio
la pregunta no es ¿por qué lo hago?
si no ¿para qué?
y me enojo mucho
pero no con las personas
me enojo conmigo y mi intensidad
en ver luces
donde la luz se corta con frecuencia.

Mi tiempo libre es compañero
y él no se va a ir del todo
excepto que siga desperdiciandolo
dando vueltas en lamentos, enojos, berrinches.

Mi tiempo es amigo, amante, esposo 
siempre y cuando no lo traicione
con alguien más.

martes, 7 de febrero de 2017

AG

Cuando pienso en un titulo me enojo tanto que clausuro el espacio y me voy a otra parte, a hacer algo distinto pero con frustración porque yo quería escribir. Ahora no dejé que eso me atormente y me pasé a pintar alguna vivencia por estos espacios.

No sé si hay un momento del día especifico para declarar que me siento quebrada, consumida, impura, desdichada, obligada, insatisfecha y unas cuantas mierdas más. Creo que últimamente es una cuestión ambiental, si. Digamos que cuando baja la temperatura mi defensa emocional se desestabiliza, por lo tanto dejan de existir barreras protectoras y me lleno de bacterias o virus que no puedo combatir yo sola. La desesperación me hace buscar algún remedio, cuando finalmente lo ingiero me doy cuenta que estoy perdiendo el tiempo, que por mi propia cuenta puedo estar mejor. Ahí empieza la danza de los lamentos, subo, bajo, veinticincos giros, diez tropezones, una caída, esbozo media sonrisa, cinco sollozos y no termina ahí.

No quiero culpar a los dieciocho grados centigrados de la noche, tampoco a la tormenta furiosa que visitó mi ciudad, en realidad no quiero que alguien cargue con culpas mucho menos la naturaleza, pero sí hay alguien que podría dar un poco más para acomodar el desorden, y cuando diviso a esa persona no me sale otra cosa que escabullirme más y más.