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sábado, 18 de febrero de 2017

El sacudido.

Le maquillé dos oraciones
antes de abandonar el lugar
me juró amor eterno
y no entendió que yo apostaba a jugar.
Sin embargo, me quedé tres minutos más
de los que tenía para dar
y ella, agradecida, aseguraba que no había nadie igual.

La caminata a casa fue la más larga,
de estos últimos meses, desde que la conozco.
Cada paso era como levantar una tonelada de algo,
clavada en la suela de mis zapatos.
Cada calle que crucé parecía extenderse infinitamente.

Me considero un mal tipo porque no soy sincero
y mi arte preferido ni siquiera esta definido.
Soy amante de lo exagerado, suelo rebalsar de palabras bonitas
Soy esclavo de mi soledad pero no conozco la soltería.
Si no es ella, sería alguien más,
en mi cama siempre guardo un lugar.

La había visto dos horas atrás
y el teléfono estaba comenzando a sonar
le había advertido mi próxima ausencia,
y aun así, no estaba respetando mi lugar.
Contesté enojado, con la idea de terminar de jugar
pero del otro lado una voz quebrada había decidido
que ya no quería más.

Mi ego se derrumbó por un sollozo ajeno.
Mi ego quedó agonizando junto al cable del teléfono.
Y entre tanta inquietud pude engendrar una única pregunta:
"¿Quien soy yo, para subirme a la cima de cada mundo?"







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