En mi memoria estas sentada en la cama,
con un dulce en la mano y miel en los ojos,
sonriendo con tanta seguridad
que el mundo se podría detener
en el instante que rechinan tus dientes al morder.
En mis vagos recuerdos estas abrazándome por la espalda
llevándome frente al espejo, para mirarnos y repetir lo de siempre:
"¡Somos tan lindos juntos, miranos!"
Sí, mi hermosa, pero
no podemos hacerlo funcionar.
Tengo una memoria destructiva
a veces, lo contrario,
pero últimamente está clavando imágenes
en algún rincón de mi razón,
con el único fin de llevarme a enloquecer, lo sé.
Quisiera escribirte a vos y no a esta pared
tan fría como los últimos días
tan dura como mi convicción
de que no podíamos ser uno los dos.
Perdón, mi reina
no fui nada de lo que te prometí.
Incluso, me atrevería a decir
que fui todo lo contrario.
Perdón por borrar tu sonrisa
la que reflejaba ilusión.
Hoy por oro entiendo,
pero estas tan lejos
despintada, perdida, quien sabe donde
y temo por mis pasos,
erróneos, quizá.
Me quedaré en el lugar donde me dejaste
implorando que estés bien
y deseando encontrarte en algún sueño
con la condición que ninguno se despierte llorando.