La raíz que supimos compartir
sigue ahí, y su árbol florido
nos da sombra una tarde más
pero es esta tarde y ninguna más
lo disfruto como si estuviera en el lugar
mas lujoso de la tierra
en cierto modo, lo estoy
solo que ese lujo se percibe
a través de mis pupilas, y las tuyas.
Otro atardecer más de testigo
de cómplice, de compañero
nos prometemos mil besos
a la vuelta de esa pausa que no acepté.
Y en el hoy me miro los pies
con sus uñas rojas, su palidez
vacíos, entre sábanas y espacio desocupado
ya volveremos a entrelazarlos.
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