Seguidores

viernes, 25 de agosto de 2017

Ella y sus mierdas.

Son las doce del mediodía y mi celular está vibrando hace diez minutos, debe ser ella en una crisis, debe ser ella queriendo que me despierte para vernos pero ¿la verdad? no tengo ganas. No quiero saber qué desencadenó su pánico esta vez, tampoco me tienta la idea de tomar el horrendo tren para llegar a su casa. Entre suspiros fastidiosos, desbloqueo el teléfono y la leo desesperada. No entiendo qué la mambea tanto, si está en su casa tranquila, hace dos meses no trabaja y ni siquiera arrancó a estudiar pero bueno, está mal y tengo que ser compañero aunque me cueste horrores. Ahí estoy otra vez, escribiéndole cosas que no siento, amándola de mentiritas para que no se lastime o al menos para que deje de hacer vibrar mi teléfono.
No me gusta mucho hablar de mi relación porque la realidad es que no es para nada comprensible en rasgos generales, y uno siempre da esas respuestas amplias y poco exactas cuando le preguntan por la novia: "Ahí andamos", "Todo bien, algunas diferencias pero nada grave", escuchan algo por el estilo e inevitablemente asocian mi cara de culo con la mina, de pronto le tienen bronca y la culpan de todos mis males. Bueno, tampoco es que sus comentarios sean extremistas y disparatados porque ella me agota la paciencia, irrumpe mi serenidad al menos una vez por día y despierta otras sensaciones contra las que me cuesta luchar. Aun así, sería un cínico si asintiese con la cabeza cuando los chicos dicen que la mina me va a arrastrar a su cueva de lamentos.
Le tuve que cancelar nuestro encuentro con mentiras un poco salidas del margen inocente, es que si no, se enoja un montón por la impotencia de no poder vernos ya que solamente nos vemos cuando me muevo yo. Eso está bueno porque me salvo de que la loca aparezca en mi casa un día cualquiera, de solo imaginarme que podría invadir mi espacio se me enciende la paranoia. Después del discurso penoso, enumerando las razones por las cuales no la visitaría, me empezó a llamar y deduje que si la atendía iba a tener que soportar sus llantos, la pena quebrandole la voz y demás escenas que conozco de memoria. Le corté las cinco llamadas mientras intentaba mandarle un mensaje "escribime amor, no puedo atenderte ahora" ella lo leyó y desapareció como dos horas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario