En una mano tengo
el deseo de estirarla
y alcanzar otra que,
con sinceridad la tome
y con paciencia la sostenga.
En la otra mano tengo
el deseo de cerrarla,
para crear un puño
que funcione como coraza
y así, nunca más
me lleven a otro mundo
si al fin y al cabo
estamos acá.
Con esta contradicción
amanezco furiosa
otras veces serena
y hasta neutra.
Sin lograr entenderme,
pretendo que otros lo hagan.
Otra vez estoy en una esquina,
con los ojos empañados
tratando de partir una pastilla.
Y en un pestañeo estoy en la otra esquina,
gozando del viento en la cara,
creyendo que los momentos de contradicción
son parte de cada humano existente
solo que algunos los exteriorizamos
y otros, se ahogan en silencio.
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