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jueves, 19 de febrero de 2015

La naturaleza no está perdida.

Lo que escribo viaja con el viento. Yo no sé a donde va, tampoco si volverá mas espero que el receptor lo sepa apreciar.
Ciertos versos y ninguna mentira, al final.
Los pájaros lo saben, la luna lo escucha. Acompañada de sus ojos, las luciernagas del cielo. La hoja que cae en final de otoño tambien sospecha que será un dia para las buenas nuevas, malas para algunos quizá.
El mensaje llegó en manos del roble, viejo y sabio como su apariencia. Su lectura ligera detonó una guerra: ¡Tranquilos todos, aun quedan varios dias para nuestra primavera!
Las crujientes hojas protestaron en un rincón, junto a las sensibles nubes cargadas de llanto. "¡Que egoistas, cínicos sin piedad, lo quieren todo y con nada se quedarán!" Cantaron los colibries mientras besaban una flor.
"Cada cual a su sitio pertenecerá" el antigúo roble susurró "Den espacio a los demas, dejen ser sin cuestionar. Si no aprendemos a convivir entre nosotros ¿quien más lo hara?."

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