Sus ojos se mueven intermitentes pero con suave disimulo, tanto que su talento deja boquiabiertos hasta al distraido y silencioso que ocupa el último asiento del transporte público. Le interesa todo lo que los ajenos lleven en sus manos: libros, tecnología, papeles, comida, objetos varios. También, se divierte suponiendo, en su realidad paralela, el porqué y para qué de lo percibido.
A veces se encuentra con miradas que lo incomodan y no se hace problema alguno, si se siente de buen humor arma un juego en el que siempre gana y otras veces, cuando sus mañanas se tiñen de gris, prefiere evadirlas.
El observador siempre encuentra un pasatiempo fugaz, amores de diez o quince minutos, ofuscamiento por conversaciones ajenas. Lo que nunca halla, de manera directa, es una persona que confiese estar en la misma sintonía.
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