Ella era un pasar de horas interesante pero solo cuando yo quería y dependiendo de cómo me golpeaba el otoño en aquellos días. Voy a ser sincero y descorazonado al anunciar lo siguiente: mi egoísmo fue tan grande que nunca me enteré lo que había más allá de mis fosas nasales. Pobre piba, sé que era divina con su sonrisa y ocurrencias, no había necesidad de generarle más traumas de los que ya tenía pero se dio así. O sea, en enero le dije por decir "deberíamos vernos" y después de vernos vinieron los "con vos, me siento yo", "nunca le había contado esto a nadie", "me siento en paz", "mi Luna" y no sé cuantas burradas más. Pobre piba, menos mal que cortó todo lazo creado, porque realmente soy una mierda. Y no me gusta tener a nadie pegado a mis talones, ella era así. Pegajosa como cualquier espalda inmersa en un verano de cuarenta grados.
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