en estos meses, los últimos del invierno
porque no me gustaría enterarme
que me leíste y tu mundo siguió firme
como mis manos cuando te dijeron adiós para siempre
para siempre, qué ironía
nunca y siempre
somos loros repitiendo eso
no tenemos idea de la magnitud de esas palabras
sin embargo las escupimos en las promesas
y también en las penurias.
Ojala no me hayas leído
cuando quería que regreses
a decirme ¿cómo estas, qué tal tus días?
detestaría saber que pese a cada sentimiento volcado
en una linea o veinte
tu cobardía ganó.
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